domingo, 10 de marzo de 2013

¨La tecnología desarrollada en el país es un orgullo¨


 Dos importantes directivos de Ipesa recibieron a ENTRE EL CAMPO Y LA CIUDAD y contaron el origen y camino que recorre la empresa, un jugador clave en la producción argentina.

Desde la siempre lejana Tierra del Fuego, Ipesa Silos creció como nunca a partir de un invento que en estos tiempos juega un rol fundamental: la silobolsa. Esta empresa hoy exporta a todo el mundo, con la innovación como motor de adelantos que sirven a distintas actividades agropecuarias. Pablo Seniow, responsable del departamento técnico de la compañía, y Daniel Castellino, gerente de ventas del sector agro, contaron cómo se han expandido a otras formas de explotación, como la agricultura intensiva bajo invernadero.

Al hablar de los comienzos, Seniow destacó que la silobolsa “se desarrolló en Argentina a partir de una modificación que vino de EE.UU. Hoy es el principal recurso para el productor, uno más de su línea de insumos, que le permite cosechar en tiempo y forma, garantizando la calidad más allá de problemas de logística. La bolsa ha sido un punto de inflexión y nos permitió posicionarnos a nivel país”.

Las silobolsas, que son utilizadas “en un 70% para almacenar granos secos, y 30% forrajes”, también “han generado un mercado alrededor de ellas que se ha desarrollado, con más de diez años de experiencia en reserva de granos como tecnología en maquinarias que también se exporta al mundo y se está incorporando en países que tenían tecnologías similares”.

“La tecno en Argentina está siempre a la altura de las circunstancias. Se desarrolló aquí, está en todos los países y es un orgullo como argentinos. Todavía seguimos desarrollando en un sector tan dinámico que ha hecho de Argentina un referente en la producción agrícola”, destacó.

Además, señaló que “De la mano de estas tecnologías desarrolladas en nuestro país, acotamos estos riesgos, que eran mucho más grandes. Debemos eficientizar la tecnología y marcar la línea en lo que respecta a producción”.

“La bolsa se ha transformado en un sistema más eficiente de conservación. En ese aspecto, tiene una ventaja sobre el silo: uno puede acotar la cantidad de alimento a suministrar y minimiza las pérdidas. El silo puente o el búnker se siguen haciendo en Argentina cuando requieren volúmenes muy grandes. Son complementarios a la silobolsa”, dijo en referencia a los “hermanos mayores" del producto estrella de Ipesa.

Seniow, además, señaló que “La composición de la bolsa de polietileno es de muy buena calidad. El mercado argentino lo requiere. En el campo argentino no se ve ese plástico desparramado sin uso. Es muy requerido y tiene un precio importante, y los productores saben que tienen un valor. Las empresas que reciclan tienen materia prima de calidad y garantiza que no se genere contaminación”.
Daniel Castellino, por su parte, se refirió a un importante proyecto que Ipesa realiza junto a otras dos empresas: el Grupo de Horticultura Intensiva Argentina (GHIA). Sobre este emprendimiento, afirmó: “Nació hace seis años. Salió una inquietud de grupo de empresas. Tratamos de orientar al productor, ya que el hortícola siempre estuvo dejado a la mano de Dios en el alcance de la tecnología. Somos tres empresas que tratamos de agruparnos en jornadas, traer expertos...Así, salió hablar de tomates, de nuevos tipos de plástico…”.

Hoy, esas jornadas atraen a “cerca de 200 productores, a quienes le damos todo el know how y la estructura logística. Las empresas quisimos retribuirle algo al productor”.

Sobre la actividad hortícola realizada bajo plástico en invernadero en nuestro país, consideró que “es chica, tenemos unas 4500 hectáreas cubiertas a nivel país, cuando en Almería, España, hay 54 mil hectáreas”. Es muy importante para ella el desarrollo de una actividad de la cual Ipesa sabe: la plasticultura, o “los usos de plásticos destinados a una producción agrícola”, como lo define Castellino.
La plasticultura, más vinculada a las actividades intensivas, “aquellas que se producen en espacios reducidos y con alta tecnología aplicada, se aplica para el caso de la agricultura bajo invernadero donde, por ejemplo, pueden producirse “hasta 200 mil kilos de tomate por hectárea”.

“El productor, al hacerlo bajo cultivo protegido, se aísla de factores aleatorios. (El invernadero) tiene clima, condiciones de irrigación y hace falta estar acompañado de la tecnología, ya que los híbridos de bajo invernaderos deben tener potencial que acompañen ese gasto”, añadió.

Como una de sus principales virtudes, Castellino, destacó que “Uno puede producir en La Quiaca o Tierra del Fuego en iguales condiciones. No hay diferencia entre tener una fábrica de tornillos o una de tomates”.

“La principal ventaja es la seguridad de cosecha. La otra, producir en producciones muy chicas con alto volumen y alta rentabilidad. En el invernadero, si una persona tiene dos hectáreas, se puede considerar productor chico importante”, agregó.

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